Lo que no se cuenta de Marruecos

Después de unas semanas preparando el viaje a Marruecos, el día 30 de agosto, y bien temprano cogíamos el coche en dirección a Madrid, para partir hacia la ciudad más turística de Marruecos, Marrakech!

Salimos sin retraso desde Barajas y después de un vuelo súper ajetreado de unas dos horas, con muchísimas turbulencias, que pensábamos que no lo íbamos a contar, por fin, después de hasta casi rezar… tomamos tierra en la ciudad de las antenas parabólicas, ¡Marrakech!

Sí, porque fue de las primeras cosas que nos “chocaron” al llegar, hay miles y miles de parabólicas en los tejados de la ciudad “roja”.

Tras los pertinentes controles de seguridad (incluso más que en Madrid-Barajas), rellenamos la hoja típica que te preguntan hasta para qué vas a estar allí, nos dirijimos a recoger nuestras maletas, los tres, Mari Carmen, María y Ramón.

Y nada más salir, nos esperaba ya nuestro chófer que nos iba a trasladar hasta nuestro Riad “L’oiseau du paradis” (El pájaro del paraíso).

De hablar español, ni “papa”, casi nada de inglés, muy poco francés, pero sí… ¡catalán! ¡Ver para creer! Y como nosotros somos de la provincia de Alicante, pudimos hablar con él en valenciano, y así entendernos un poco, jajajajaja…

Después de unos veinte minutos de trayecto desde el aeropuerto de Menara hasta el Riad, nos deja en la casa marroquí y nos acomodamos en la segunda planta del Riad. Y allí… más de lo mismo, hablaba Ouashim un poco español, pero los demás del Riad, nada de nada. Con el inglés de María y Mari Carmen y el francés de Ramón, nos entendimos casi a la perfección. 😉

Después del pequeño trayecto hasta el Riad, pudimos ver de primera mano que en Marruecos las señales de tráfico no existen, y la forma de conducir de los marroquíes es absolutamente de locos.

Salimos a comer a un restaurante que tenía buena pinta, y pudimos degustar el típico tajín y el couscous. La comida, con mucho picante, también fue un poco problema. A Ramón es al único de los tres que le gusta la comida picante, María y Mari Carmen lo pasaron un poco mal…

De la famosa Plaza de Marrakech, os podemos contar que es impresionante (foto de arriba). Por la mañana, con los puestos de zumo en medio de la plaza, es parada obligatoria el degustar un zumo de naranja. Al lado están los encantadores de serpientes, las mujeres que adornan los brazos y manos (hennas), marroquíes con chimpancés para hacerse fotos…

Por la tarde-noche, se transforma la plaza, ponen puestos de comida, empieza a salir humo y humo de los cientos de puestos para comer allí mismo. La verdad es que da un poco de repelús… no sé, está un poco sucio todo y no invita a sentarte para cenar, la verdad.

Eso sí, os recomendamos que no bebáis agua del grifo, sólo embotellada… el problema es que en algunos de los restaurantes y cafeterías preparan los tés con agua no potable… y cuidado, peligro de… ¡gastroenteritis! (Y sí, los tres lo sufrimos).

Después de tres días viendo la Plaza Yamaa el Fna desde todos los lados y costados, visitando casi todos los cafés y restaurantes de la plaza, regateando en los zocos para comprar cualquier souvenir, decidimos reservar dos excursiones, uno a la costa, al precioso pueblo pesquero de Essaouira y la otra, a Ourzazate (el Hollywood del desierto), después de pasar por dos puertos de montañas, uno de más de 3000 m de altitud.

La primera excursión que hicimos fue en Essaouira, y la verdad es que fue un poco decepcionante. Los guías, no hablaban español… encima eran de lo más estúpidos, la verdad, fue el día que en otro artículo hablamos del aceite de argán, nos pararon en una fábrica-tienda donde producen este aceite llamado “oro del desierto”.

Lo peor de todo es que, después de unas tres horas largas de trayecto, nos dejan cerca del puerto, y nos dicen que en cuatro horas, nos recogen y volvíamos hacia Marrakech.

Sin ayuda de un guía, abandonados en la nada, dimos una vuelta muy corta, y nos sentamos en un restaurante de lo más “chic”, a orillas del mar que tenía buena pinta. Allí pudimos degustar una buena mariscada, un muy buen pescado y casi una siesta en los sofás del restaurante (foto de abajo).

A las 4 de la tarde, de vuelta para Marrakech, y el chófer del microbús casi se deja en pie a dos de los turistas, por dos veces, una en Essouira, y la otra en la parada obligatoria para descansar y tomar un refresco, que estábamos en Marruecos y hacía mucha calor.

Al llegar a Marrakech, tocaba volver al Riad, y esto ya se convertía en una pesadilla… ¿Por qué? Pues porque era salir de la famosa Plaza y conforme nos íbamos alejando de ella, los callejones para llegar a nuestro Riad eran un poco “problemáticos”, tanto que alguna de las parejas que se hospedaban en nuestro Riad, les atracaron.

Y el penúltimo día nos esperaba la segunda excursión: Ourzazate! A Ramón le hacía especiamente ilusión esa excursión, porque íbamos a visitar la ciudad donde se han grabado más de una veintena de películas, entre ellas… ¡Gladiator!

El pueblo tiene un nombre bastante complicado de recordar, Ksar Aïn Ben Haddou. Y es el que está abajo en la foto, el pueblo está a la otra parte del río. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987. Este conjunto de kasbahs es uno de los mejores conservados de Marruecos.

Estuvo genial, poder ver de primera mano el lugar donde se grabó la parte final de la película donde se hizo famoso Russell Crowe, pudimos ver varias fotos de la grabación, de todo el montaje que hicieron… etc. Y lo mejor de todo, que hablamos con un artista pintor del pueblo, donde viven actualmente menos de 30 personas, y nos contó anécdotas de Russell Crowe y de todo el elenco de la película.

Lo que no nos gustó nada de esa excursión fue la forma de conducir de nuestro guía. Iba demasiado rápido para los tramos de carretera por donde pasamos, algunos llenos de barrancos, con desniveles muy altos… Le llamamos la atención (en inglés y en francés), porque no era normal como manejaba el microbús por esos tramos de carretera.

Y ya el último día nos fuimos por la parte moderna de Marrakech, por la “Cité Nouvelle”, la ciudad nueva. Allí pudimos visitar los jardines Majorelle, propiedad del modisto difunto Yves Saint Laurent Y recorrimos algunas calles con muchas tiendas conocidas y algún centro comercial.

Y hasta aquí nuestro viaje a Marruecos. Esperemos que os haya gustado este artículo y que os pueda servir de ayuda si programáis un viaje a este destino.

 

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